Con este año nuevo me ha sido regalado tiempo. Tiempo en forma de catarro, horas en las que no se puede hacer gran cosa, porque todo duele, pero sí pensar. Girar varias veces en torno al mismo punto, buscando la causa, el motivo.
Y descubrí al fin, que, lo que duele no es la falta de confianza, o los detalles. Lo que duele no es la distancia. Lo que duele no es haber crecido y que hayamos tomado caminos ligeramente distintos. Lo que duele no son las elecciones hechas que me dejaron a mí de lado.
Lo que más me duele es haber aprendido que no estará ahí cuando yo lo necesite, cuando tenga una mala racha o cuando algo me haga sufrir.
Pensaba que me dolía haberse de puesto de parte de otros en lugar de en mis zapatos. Pensé que me dolía no haber tirado piedras al tejado de otros, en un afán de disfrazar las razones más profundas. Pensé que me dolía haberme ocultado la verdad, sabiendo que esta me haría daño.
Pero ahora sé que lo que me dolió y me sigue doliendo es que nunca me preguntó ¿cómo estás? y que fui yo quien tuve que curar las heridas y otros quienes me ayudaron a secar mis lágrimas y escucharon mis quejas.
Y así, alguien a quien tanto admiraba, a quien tenía por modelo... así se rompió. Y aún ahora me sorprendo a veces deseando ser como ella, compartiendo inocentes comentarios y bromas. Hasta que recuerdo que no estuvo ahí. Que nunca preguntó. Que nunca se interesó. Y la punzada vuelve.
Hay momentos en que odio demasiado crecer y ver las realidades que la vida nos muestra.
11/01/2010
Año nuevo
08/10/2009
Moving
Todos atravesamos momentos más o menos turbulentos y de ellos, generalmente, salimos reforzados. Mi momento turbulento fue casi casi el último año. No tanto, pero digamos que una larga temporada del mismo.
Y como no sabía que hacer y callaba demasiado, abrí este chiringuito. Tenía otro... tengo otro, de hecho, en el que cuento cosas de cuando en cuando, pero en un determinado momento, necesitaba aquello de "cuenta nueva".
Creo que ahora es tiempo de regresar a los orígenes. En la vida real, porque me quedan menos de tres semanas en este país. Metafóricamente, porque vuelvo a ese rincón que anteriormente tenía y este se quedará en reposo. Por si alguien quiere compartir líneas, es bienvenido en ese lugar.
07/10/2009
El mundo desde unos tacones
No solía hacerlo, de hecho, odiaba esas multitudes que siempre había en las tiendas, personas de todo tipo intentando buscar la prenda que habia al fondo de todo, las colas en los probadores, el constante descubrimiento de que la talla elegida era muy grande, o muy pequeña, o que no le gustaba. Que tenía que salir de nuevo, pelearse por aquellos trozos de tela y comenzar la espera de nuevo.
No sabía lo que le quedaba bien, siempre le parecía que iba mal vestida. Envidiaba esa creatividad que otras personas tenían para conjuntar ropa. Para saber crear distintos estilos. Ella simplemente buscaba algo sencillo, monocromo, oscuro. Lo encontraba. Lo pagaba. Se lo llevaba y luego lo combinaba sin más, sin un estilismo especial. A veces creía que seguía vistiendo como la niña de instituto que fue...
Llegó a casa. Necesitaba esos nuevos trapos y se vió obligada a ir a comprarlos. Utilizó el menor tiempo posible en ese trámite. Y se marchó a casa pagando cosas que sabía que no le convencían... pero no quería volver. Siempre podría devolverlas.
Aquella tarde, al compás de suave música, probó distintos conjuntos. Combinó las prendas que poseía y las nuevas adquisiciones de forma que en el espejo se reflejase aquello que siempre quiso ser y que aún no ha alcanzado.
Durante esos minutos... durante esos minutos su reflejo en el espejo fue más real que nunca.
Luego, se bajó de los tacones y volvió a su mundo.
05/10/2009
Prisas de domingo
La semana pasada mi niño estuvo de visita. Aunque ya pronto me iré yo, las vacaciones siempre son bienvenidas y él decidió volverse aquí unos días.
Así que yo trabajaba y él estaba en casa, haciendo bastante el vago, cocinando y arreglando un poco todo. Cuando yo terminaba la jornada nos íbamos de paseo, o tomar unas cañas, o quedábamos con amigos.
Ayer era el día de la despedida. Salía de un aeropuerto lejano a la ciudad, así que tenía que coger el autobús que lo llevase hasta allí. Teníamos tiempo, nos levantamos a las nueve, y a las diez y media salíamos de casa. Íbamos sobrados. En transporte público, la estación de autobuses está a diez minutos de mi casa.
Bajando las escaleras, le contaba que cuando le dejara en el autobús, me volvería a casa, me tiraría en el sofá, y comenzaría a leer libros que me había comprado. Un domingo de relax, de calma.
Claro... hasta que llegamos a la puerta de casa y vemos todas las calles cortadas. Oh-oh. Eso da mala espina. Muy mala espina.
Así que nos acercamos a la parada... y vemos que no hay coches por las calles y algo raro pasa... Tenemos veinticinco minutos hasta que salga el autobús hacia el aeropuerto. Y en este país nada espera, todos salen puntualísimos.
No sabíamos que pasaba, pero descartamos el transporte público y nos acercamos a una parada de taxis... donde no había ningún taxi. Ahí yo comienzo a hiperventilar un poco. Que un domingo no haya transporte público es raro, raro. Que no haya coches por las calles, es casi imposible. Pero que no haya taxis en la parada anuncia el apocalipsis.
Así que respiro profundamente y pregunto a uno con uniforme que anda por allí... y amablemente me informa de que todo el centro de la ciudad está cortado, que hacen un maratón popular y que no hay taxis, ni transporte público.
Ergo, mi niño perdería el autobús.
Ergo, mi niño perdería el avión.
Ergo, no llegaría a tiempo para incorporarse hoy al curro.
Ergo... no quiero seguir pensando.
Se me ocurre la alternativa del metro, haciendo mil conexiones distintas. Tenemos quince minutos aún. Tal vez lleguemos. Subimos y aquello no arranca... y mientras valoramos posibles conexiones, cómo devolverlo a casa hoy. Pero no hay nada bueno, es imposible que el domingo por la noche esté en casa sin que para ello no tenga que desembolsar cifras astronómicas...
Y el metro que no arranca.
Cuando por fin lo hace, ya estábamos a punto de bajarnos, pero seguimos en la aventura, intentando llegar a tiempo al autobús que sale a las once. Al único autobús que hay para ese aeropuerto...
y llegamos diez minutos tarde.
Es sentirse muy muy impotente. Pero se nos encendió la bombilla. Yo esta última vez había traído conmigo el carnet de conducir, así que podríamos alquilar un coche y llevarle yo al aeropuerto que está a 200 km de donde vivo. Preguntamos precios y nos pedían un riñón por dejarnos un cochecito un par de horas...
Y se me volvió a encender la bombilla. Se acaba de mudar a esta ciudad una amiga. Que se ha venido con coche. Palabras mágicas. La llamo, le ruego, vemos si es factible y lo organizamos todo. Ella cancela citas que tenía para ese día. Nosotros comenzamos la odisea de volver a mi casa y nos encontramos allí dos horas después de haber salido de ella.
Y nos vamos a su coche, que estaba aparcado en el centro de la ciudad. En ese perímetro en el que estaba prohibido circular en todo el día. Y salir de allí era como darse cabezazos contra la pared, porque fueras por la calle que fueras, al final había una valla cortándote el paso, y al otro lado multitud de gente corriendo.
Hasta que le suplicamos a una de las guardianas de la valla y nos la abrió. Y pudimos salir de la ciudad. Y pudimos llevar a mi niñoa tiempo al aeropuerto. Y nos volvimos.
Cuatrocientos quilómetros en cuatro horas. Y yo pensando en mi sofá, mi pijama y mi libro.
Al menos, él llegó bien a casa. Seguí estresada y nerviosa el resto de la tarde. Y muerta de cansancio.
Me han robado el domingo. Y hoy estoy cansadísima aún. Quiero otro domingo de recompensa. Tranquilo, donde pueda llevar a cabo el plan original.
01/10/2009
Sentimientos
El crisol de sentimientos que nos puede invadir es algo tan complejo que a menudo es difícil saber exactamente cómo nos sentimos.
Esa opresión en el pecho que identificamos como pena puede no ser solo eso. Puede ser también rabia, mezclada con dolor. Puede ser frustración. Puede ser melancolía.
Esas ganas de reír y de verlo todo color de rosa puede ser alegría. Puede ser también satisfacción. Puede ser una venganza bien llevada a cabo. Puede ser orgullo.
No es todo blanco y negro. La inmensa mayoría son grises de diversas tonalidades. Y aunque tendamos a ser extremistas, a simplificarlo de la mejor forma posible, hay más de lo que parece.
No todo es pena cuando alguien se va. Es saber que nunca se podrán compartir cosas juntos. Es saber que ha cambiado todo y es añoranza de ese futuro que se verá alterado y no será nunca más como aquello que hemos conocido. Es miedo tal vez, de enfrentarnos a una situación que no conocemos. Es inseguridad de no saber estar a la altura.
Cuando nos enamoramos, no es maravilloso sólo por encontrar una persona que cumple nuestros ideales. Es también satisfacción por sentirnos valorados por otra persona. Es también la ilusión por hacer planes futuros. Es la sensación de no estar solos a lo largo del camino. Puede ser también la sensación de haber vencido a otros al haber sido elegido.
Todo se mezcla y son límites tan difusos... es complicado poner nombres a las sensaciones que sentimos. Pero creo que más complicado aún es saber distinguir qué sentimos en realidad, y no dejarnos llevar por lo que se supone que deberíamos sentir.
Dudado por Incertidumbre 1 sombras Aquí
En En mi cabeza
29/09/2009
Libros, libros
He terminado el maratón. Es decir, que ya estoy de vuelta y aún sorprendida por algunas cosas vistas... pero eso lo contaré mañana.
Hoy estoy en busca de libros. En la empresa, como regalo de cumpleaños, me dieron un vale de una librería. Calculo que me dará para unos dos libros, lo cual no está nada mal.
La semana pasada ayudé muchas horas a un amigo y a amigos de ese amigo a formatear un trabajo importante. Y es que el Word ya (casi) no tiene secretos para mí, durante mis años universitarios mis profesores se encargaron de que así fuese: siempre pedían las cosas y los formatos más extravagantes, así que en su día me peleé más de una vez con este programa. Ahora me sirve para hacer de buena samaritana y echar una mano a los demás.
Como muestra de agradecimiento, recibí otro vale para otra librería, que, de nuevo, calculo que me llegará para dos libros.
Es decir, que debo comprar cuatro libros (al menos) y estoy falta de ideas... Será que hoy es mi primer día de curro y estoy lenta.
Así que si alguien tiene sugerencias, bienvenidas sean.
Buen martes.
18/09/2009
Negatividad
Quedábamos y me contaba...
... que estaba triste porque el clima la deprimía. Que echaba de menos el calor de su país, el buen tiempo que estaba cansada de tanta lluvia y tantos días grises.
... que estaba deprimida, porque no encontraba trabajo. Que había mandado correos a mil direcciones, que todos los días rebuscaba, pero que no le contestaban de ningún sitio.
... que no le salía nada bien. Que la habían llamado para una entrevista, pero que el trabajo no le parecía serio, que ella buscaba algo a tiempo completo, no sólo de media jornada. Así que ese trabajo no le servía.
... que estaba preocupada, por si no le llegaba el dinero y se le terminaba durante la búsqueda de trabajo.
Al cabo de poco tiempo, encontró trabajo, algo que le parecía adecuado a lo que había estudiado y que le convencía en términos de sueldo.
Pero luego, quedábamos y me contaba...
... que sus compañeros no la ayudaban, que llegaba a casa deseando que fuera viernes para no ir a currar de nuevo.
... que el trabajo la estaba deprimiendo, porque se sentía inútil, que no había forma de aplicar todo aquello que había aprendido, y que eso la frustraba.
... que estaba frustrada porque había días que el trabajo que realizaba no le aportaba nada, como si fuera copiar y pegar datos, y que esperaba que fuese otra cosa,aprender más, disfrutar más.
... que echaba de menos su familia y sus amigos, que quería irse de una vez de vacaciones.
Y yo, poco a poco, dejé de llamarla. Si me avisa para un café, de buena gana voy. Pero a mí no me sale pensar en quedar cuando tengo un rato libre.
Porque la negatividad que destila es demasiado elevada. Parece que todo le sale siempre mal, que siempre tiene mala suerte. Y yo lo veo de forma distinta. Creo que si buscas trabajo para empezar en otro país, aceptas lo que vaya saliendo y luego intentarás mejorarlo. Asumo que habrá días en los que me encante lo que hago y otros en los que me tardará la hora de llegar a casa. Acepto que estar lejos del círculo que siempre te acompañó es duro por momentos, pero que esa fue una decisión libre, así que hay que enfrentar lo que venga con la mejor cara.
Sé que la vida no es rosa, que hay días mejores y peores.
Y no me importa echar una mano y estar al lado de quien tenga un día malo o esté pasando un mal momento... porque sé que vendrán otros mejores y también los compartiremos.
Pero alguien que sólo tiene días malos y todo lo ve negro... Lo siento. Me agota demasiado.
17/09/2009
A soplar velitas
Este año tocan unas cuantas, la verdad. Bueno, una más que el año pasado para ser concretos. Hace 26 años que nací y no hay planes para hoy. Ya en la oficina (debería ser obligatorio que te dieran el día libre), cansada de estar ayer cocinando algo hasta tarde. Les he traído un bizcocho a mis compañeros de trabajo, para alegrar un poco el día...
Mañana, unos cuantos amigos que se cuentan con los dedos de una mano estarán a mi alrededor, otra tarta, un brindis y un buen rato.
No hace mucho dejé de darle importancia al número de felicitaciones que se reciben en un día así de señalado. No me parece mal que la gente tenga otros planes desde hace mucho y no puedan estar todos en una mega fiesta organizada con la excusa de mi cumpleaños. La verdad es que mi círculo de conocidos es muy reducido.
Y no me importa, porque poco a poco he descubierto que muchos de los que se olvidan hoy de mandarme un mensaje o un correo o una llamada, sí están luego al pie del cañon cuando se los necesita.
Lo más raro es la sensación de concienciarme de la edad que tengo. Cuando era pequeña, la gente que sobrepasaba los veinte los veía súper seguros de sí mismos, con la vida ya montada y todo encarrilado. Y yo, con estas edades, aquí ando, con las mismas inseguridades de siempre, o intercambiando algunas por otras, sin tener ni idea de cómo tirar para adelante... pero disimulo :)
Estoy contenta. He vivido otros 365 días llenos de mil cosas distintas. Ahora a ver qué traen los 365 siguientes.
A soplar velitas.
13/09/2009
Nostalgia
Hoy el otoño ha cubierto la ciudad. Lo he visto tras los cristales, mientras yo me he refugiado dentro todo el día.
Podía sentir el frío envolviendo las calles, el color de las hojas cambiando, el tiempo desapacible...
Con el otoño han venido a mí recuerdos que hace tiempo no rememoraba. Me he acordado de personas que compartieron conmigo diversos momentos de su vida y he echado de menos no poder seguir a su lado, o ellas al mío. Sé que los caminos de cada uno tiran por senderos dispares, que no es posible conservar a todos aquellos cuyos pasos compartieron sonoridad con los míos en algún momento. Sigo creyendo que algunos de esos están sólo a una llamada de distancia, a un correo tal vez, y que la relación seguirá, a pesar de todo, bastante intacta y fácil de retomar, de cubrir el hueco.
Hay personas que han ido quedandose atrás en mi vida y que no me vienen ya a la memoria. Han pasado... pero tampoco han dejado una huella especial. No me entristece tener ya poco en común, o haber dejado de saber de ellos.
Y hay personas que continuaron su camino sin mí. Y hoy he descubierto que tengo nostalgia, que echo de menos no formar parte de su vida actual, poder celebrar los logros o compartir sus penas. No añoro el pasado común, añoro ese presente que no existe.
Parece que el otoño, junto con el frío y la nueva etapa que ha traído a la ciudad, también ha venido cargado de melancolía. Ya sólo me falta en ese cuadro el olor de castañas asadas.
10/09/2009
Universidad
Ya hace tres años que abandoné esos edificios que antes pisaba a diario.
Me pasé cinco años en esa facultad, aguantando chaparrones, pensando mil y una veces si aquello era lo que quería. Reflexionando como era posible que algunos profesores lo fuesen... no tenía sentido, no aportaban nada. También intentando buscar un sentido inexistente a alguna que otra asignatura me parecía (y a día de hoy sigue pareciéndome) completamente inútil.
De toda la plantilla de profesores que se sentó delante nuestra a impartirnos clase ha habido de todo. Los que eran un encanto, enseñaban bien y te entretenías en clase. Aquellos que por encima de todo querían imponer sus ideas y convertían las clases en inútiles, donde te aburrías soberanamente, pero a las que había que ir. Había los que eran buenos profesores, aunque tal vez como personas no tan agradables. Cinco años, muchos profesores, así que mucha variedad. A través de los malos aprendías a valorar los buenos.
Y ahora tres años después, hay un par de ellos a los que aún paso a visitar cuando voy a la ciudad en la que estudié. Que de cuando en cuando les envío un correo, o me informan de ofertas de trabajo que salen y de otras cosas intersantes. Esos con los que hablas de cuando cada uno estaba a su lado, cotilleas como está la facultad hoy en día y cómo me va la vida.
Nunca lo había pensado. Desarrollar ese contacto. No me imaginaba que sería una de esas cosas buenas que obtendría de los años universitarios.
Pero estoy contenta de que existan.